Un poema antiguo mientras escribo uno nuevo:
Te conocí de repente, entre una multitud de almas sin rumbo,
caminando con la mirada perdida, sin dirección ni sentido.
Me impactó la triste belleza de tus ojos, esas pupilas sin emoción,
que sentí el egoísta deseo de hacerlas brillar solo para mi.
Todo se dio paulatinamente, mientras yo hablaba y tu sonreias,
Todo se dio paulatinamente, mientras yo hablaba y tu sonreias,
nunca fuiste de grandes discursos, mas bien de cortas oraciones,
directas, al grano, sin rodeos, sin eufemismos,
como si fuera el camino mas corto al corazón del otro.
Yo era el de las largas charlas, las bromas, los gestos estrambóticos,
tu eras solo la calma de mis ajetreados dias de juventud.
Te besé un dia de Abril, un dial lleno de sol,
Te besé un dia de Abril, un dial lleno de sol,
mientras mirabamos la plenitud de la ciudad arriba de un pequeño monte,
el primer beso, el primer contacto de intimidad,
fue corto, sin profundidad, sin mayores estrategias,
con el todo el miedo y la incertidumbre que un par de jovenes pueden dar.
Dejé ir tu boca, y mi vista buscó tu mirada,
una mezcla de melancolía y alegría te invadía,
mientras que solo dudas sentí en mi interior,
pues tus labios me habian dejado un sabor extraño,
un sabor a pasión perdida, un sabor a soledad.
Los meses pasaron, los besos aumentaron, las caricias se profundizaron,
nos habiamos descubierto tanto, tanto,
que temiamos que perder el asombro infantil de nosotros mismos,
pero siempre habia algo nuevo, una nueva sonrisa, una nueva mirada.
Tus labios pedian, no, ordenaban pasión cada vez que tomaban los mios,
me exigias llenar tu ser con el mio, como si fuera un cable a tierra,
como si al momento de soltarlos fueras a caer al vacío y nunca volver,
como si moririas si dejabas de besar.
Yo cumplí con tus demandas, yo entregué hasta mi alma en cada caricia,
en cada beso, en cada abrazo, en cada mirada,
pero aún asi, todavía podia sentir la soledad de tu boca.
Y Llegó el dia que nunca quisimos.
Yo debía partir, pues la vida lo exigía asi,
yo debia irme lejos un tiempo.
Yo debía hacerlo, para tener el futuro que todo padre espera para su hijo.
Tu solamente me miraste con tristeza y en silencio.
Yo queria que lucharas, que gritarás, que me exigieras que me quedara,
que me dieras una idea para escapar de mi viaje, un atisbo de esperanza,
pero solo me miraste y sonreiste una sonrisa vacía y perdida.
Me dijiste adiós, me deseaste suerte en mi vida, y me abrazaste con resignación,
como si estuvieras dando las condolencias a quien se le murió alguien querido,
me besaste con delicadeza, con pena, con lagrimas y escalofrios,
y mis labios se partieron con la soledad que transmitiste a ellos.
Años recorrieron rapido la vida antes de verte otra vez,
caminando con la misma mirada perdida, con la misma falta de direccion,
con la misma falta de sentido, de aquella vez, cuando por primera vez te vi.
Te saludé con rapidez, y tus ojos encontraron los mios, y sonreiste,
tal vez la sonrisa mas verdadera desde mucho tiempo,
pues tus mejillas parecian no dar el ancho para tan grata expresión.
Conversamos de nuestra laguna de vivencias, te conté de mi vida,
de como habia estado caminando sólo, desde que me fui ese dia tan triste;
de como habia progresado, de como me había forjado para dejar de un ser joven indeciso,
y me había convertido en un hombre firme y trabajador,
de los multiples sacrificios, las multiples penas y las multiples victorias.
Tu me contaste que te casaste con un buen hombre, que tenias hijos,
un perro, una casa y un jardín de rosas;
que la vida había sido buena contigo despues de mi partida,
que habias estudiado en una buena universidad,
pero que al final decidiste ser mama tiempo completo;
me contaste de tus logros y tus derrotas,
de tus metas para ti y tu familia,
de tus sueños cumplidos
y de los inconclusos.
Cuando llegó el momento del adiós, rodeaste mi cuello entre tus brazos,
y sin previo aviso me besaste directo en la boca,
no reaccioné, pero tampoco quisiste profundizar,
como si solo el roce de los labios fueran todo lo que buscabas,
como si solo eso importara en tu corazon;
y tan imprevisto como llego, el beso se fue,
y me miraste con melancolía, mientras tus dedos recorrian tus labios,
buscando algo que tal vez pensabas encontrar.
Me sonreiste con la misma sonrisa vacía y perdida ,
y hasta el día de hoy,
juro que vi una lagrima recorrer tu mejilla;
me dijiste adiós, y antes de que pudiera gesticular palabra,
tu cuerpo desapareció entre la multitud y no te pude encontrar.
Tu beso, a pesar de los años, nuevamente me habia sabido a soledad.
Mordí con desdén mis labios, y entonces descubrí, con tristeza,
que así tambien sabían ahora los mios.
pero siempre habia algo nuevo, una nueva sonrisa, una nueva mirada.
Tus labios pedian, no, ordenaban pasión cada vez que tomaban los mios,
me exigias llenar tu ser con el mio, como si fuera un cable a tierra,
como si al momento de soltarlos fueras a caer al vacío y nunca volver,
como si moririas si dejabas de besar.
Yo cumplí con tus demandas, yo entregué hasta mi alma en cada caricia,
en cada beso, en cada abrazo, en cada mirada,
pero aún asi, todavía podia sentir la soledad de tu boca.
Y Llegó el dia que nunca quisimos.
Yo debía partir, pues la vida lo exigía asi,
yo debia irme lejos un tiempo.
Yo debía hacerlo, para tener el futuro que todo padre espera para su hijo.
Tu solamente me miraste con tristeza y en silencio.
Yo queria que lucharas, que gritarás, que me exigieras que me quedara,
que me dieras una idea para escapar de mi viaje, un atisbo de esperanza,
pero solo me miraste y sonreiste una sonrisa vacía y perdida.
Me dijiste adiós, me deseaste suerte en mi vida, y me abrazaste con resignación,
como si estuvieras dando las condolencias a quien se le murió alguien querido,
me besaste con delicadeza, con pena, con lagrimas y escalofrios,
y mis labios se partieron con la soledad que transmitiste a ellos.
Años recorrieron rapido la vida antes de verte otra vez,
caminando con la misma mirada perdida, con la misma falta de direccion,
con la misma falta de sentido, de aquella vez, cuando por primera vez te vi.
Te saludé con rapidez, y tus ojos encontraron los mios, y sonreiste,
tal vez la sonrisa mas verdadera desde mucho tiempo,
pues tus mejillas parecian no dar el ancho para tan grata expresión.
Conversamos de nuestra laguna de vivencias, te conté de mi vida,
de como habia estado caminando sólo, desde que me fui ese dia tan triste;
de como habia progresado, de como me había forjado para dejar de un ser joven indeciso,
y me había convertido en un hombre firme y trabajador,
de los multiples sacrificios, las multiples penas y las multiples victorias.
Tu me contaste que te casaste con un buen hombre, que tenias hijos,
un perro, una casa y un jardín de rosas;
que la vida había sido buena contigo despues de mi partida,
que habias estudiado en una buena universidad,
pero que al final decidiste ser mama tiempo completo;
me contaste de tus logros y tus derrotas,
de tus metas para ti y tu familia,
de tus sueños cumplidos
y de los inconclusos.
Cuando llegó el momento del adiós, rodeaste mi cuello entre tus brazos,
y sin previo aviso me besaste directo en la boca,
no reaccioné, pero tampoco quisiste profundizar,
como si solo el roce de los labios fueran todo lo que buscabas,
como si solo eso importara en tu corazon;
y tan imprevisto como llego, el beso se fue,
y me miraste con melancolía, mientras tus dedos recorrian tus labios,
buscando algo que tal vez pensabas encontrar.
Me sonreiste con la misma sonrisa vacía y perdida ,
y hasta el día de hoy,
juro que vi una lagrima recorrer tu mejilla;
me dijiste adiós, y antes de que pudiera gesticular palabra,
tu cuerpo desapareció entre la multitud y no te pude encontrar.
Tu beso, a pesar de los años, nuevamente me habia sabido a soledad.
Mordí con desdén mis labios, y entonces descubrí, con tristeza,
que así tambien sabían ahora los mios.
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